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Los homosexuales y el nazismo

Los homosexuales en tiempos del nazismo

Al principio de Los hundidos y los salvados, Primo Levi cuenta la advertencia sádica que los comandantes de las SS transmitían a los habitantes del campo de exterminio de Auschwitz: "De cualquier manera que termine esta guerra, la guerra contra ustedes la hemos ganado; ninguno de ustedes sobrevivirá para dar testimonio de ella, pero incluso si alguno lograra escapar el mundo no le creería. Tal vez haya sospechas, discusiones, investigaciones de los historiadores, pero no podrá haber ninguna certidumbre, porque con ustedes serán destruidas las pruebas. Aunque alguna prueba llegase a permanecer, y aunque alguno de ustedes llegase a sobrevivir, la gente dirá que los hechos que cuentan son demasiado monstruosos para ser creídos: dirá que son exageraciones de la propaganda aliada, y nos creerá a nosotros que lo negaremos todo, y no a ustedes. Nosotros seremos los que escriban la historia de Auschwitz".

Cuando, el 27 de enero de 1945, hace sesenta años, los ejércitos soviéticos entraron en el campo de Auschwitz, ningún oficial del ejército rojo podía dar crédito a sus ojos. Las cámaras de gas, los hornos crematorios y los montones de cadáveres eran sólo el comienzo del archipiélago nazi de la muerte.

Hacia 1928, había en Alemania alrededor de un millón doscientos mil hombres homosexuales. Entre 1933 y 1945, cien mil de ellos fueron arrestados y unos 50 mil oficialmente inscriptos en los archivos como criminales. Una vez sentenciados, muchos acabaron en prisiones ortodoxas. Pero aproximadamente 10 mil fueron enviados a distintos campos de concentración. Cuántos murieron allí es algo no establecido. Las pesquisas han sido muy limitadas hasta hoy. Algunos investigadores, sin embargo, estiman que 6 mil.

La historia de los prisioneros homosexuales durante el régimen nazi fue silenciada durante casi cinco décadas, aun cuando la guerra hubiese ya terminado, porque la homosexualidad continuó siendo ilegal en la ex Alemania Occidental hasta fines de los años sesenta. Muchos de los sobrevivientes, en consecuencia, tenían miedo o estaban avergonzados de contar sus experiencias. Otros intentaron sumarse a las organizaciones de víctimas del holocausto pero se sintieron marginados. "El testimonio de los homosexuales era socialmente inaudible, imposible y peligroso", cree el francés Michel Celse, especialista en el tema, autor del ensayo colectivo Consciences de la Shoah.

Fue a partir de 1986, luego de que Richard Plant publicase su libro The Pink Triangle (El triángulo rosa), cuando empezó a reconsiderarse el caso. Pero los homosexuales no fueron oficialmente reconocidos como víctimas del nazismo hasta hace unos años. En noviembre de 2000, el gobierno alemán pidió disculpas por las deportaciones y torturas sufridas por los gays y las lesbianas en la era del nazismo. Y en abril de 2001, el estado francés (a través de Lionel Jospin) reconoció por vez primera las persecuciones que sufrieron los homosexuales durante la Segunda Guerra Mundial. "Un hecho histórico", lo llamó Jean le Bitoux, presidente del Mémorial de la Déportation Homosexuelle.

En 2001, The Pink Triangle Coalition (un grupo que reúne a ocho organizaciones de Europa, Israel y los Estados Unidos) recibió 500 mil dólares para difundir su causa. Realizaron un CD Rom, empezaron a preparar un sitio en Internet y están apoyando la difusión mundial del documental cinematográfico Paragraph 175, dirigido por Rob Epstein y Jeffrey Friedman. Meses antes, a fines del año 2000, la coalición había recibido una donación de 70 mil dólares que repartió entre los últimos sobrevivientes de aquella generación. En los últimos tiempos, sin embargo, el Partido Verde alemán ha liderado una campaña para que los homosexuales sean oficialmente reconocidos como víctimas del nazismo.

Párrafo 175

Cuando Rob Epstein y Jeffrey Friedman estrenaron su film Paragraph 175 no imaginaron que el documental iba a tener tantos efectos políticos. Ambos ya habían dirigido en dupla otras tres películas de militancia gay (entre ellas The Celluloid Closet, acerca de la homosexualidad en Hollywood, dentro y fuera de la pantalla, y Common Threads: Stories From the Quilt que les valió un Oscar en el rubro documental) y a Klaus Muller, el encargado de temas homosexuales del Holocaust Memorial Museum de los Estados Unidos, no le costó mucho convencerlos de que había que entrevistar, antes de que fuera muy tarde, a los últimos testigos directos del llamado holocausto gay.

El film abre con el propio Muller: "Crecí en Alemania y nunca oí hablar de la persecución a los homosexuales. Me costó un tiempo darme cuenta de que algunos de ellos podían estar vivos. Muchos de ustedes acaso piensen que es un poco tarde para darles la palabra. Yo creo que su historia es valiosa. Y que es bueno escucharla porque durante toda su vida les dijeron que no la contaran".

La película se titula Paragraph 175 debido a un viejo artículo del código penal alemán, sancionado en 1871 y válido hasta 1969: "Un acto sexual antinatural cometido entre personas de sexo masculino o entre seres humanos y animales debe ser castigado con la prisión; también puede significar la pérdida de los derechos civiles". La ley había caído en el olvido hasta que los nazis la rescataron. En los años veinte reinaba un clima de absoluta libertad en ciudades como Hamburgo, Munich o Bremen, y más aún en Berlín, donde había incluso clubes nocturnos de corte gay. En 1919, el doctor Magnus Hirschfeld (1868-1935) había fundado el Instituto para la Ciencia Sexual. Uno de sus propósitos centrales era la abolición del párrafo 175. Para Hirschfeld la homosexualidad no era sinónimo de enfermedad, mucho menos de delito.

El doctor Hirschfeld

El doctor Magnus HirschfeldEl 30 de enero de 1933, Adolf Hitler fue nombrado canciller. En un mes se cerraron todos los bares gays de Berlín, entre ellos el mítico "Eldorado". El 6 de mayo los nazis destrozaron el instituto del doctor Hirschfeld. Todos sus libros fueron tildados de "anti-alemanes" y quemados en una gran fogata. El doctor, judío y homosexual, se hallaba de viaje en el extranjero. Nunca regresó a Alemania.

En 1934, una división especial de la Gestapo (policía secreta del estado) fue fundada para combatir la homosexualidad. Uno de sus primeros actos consistió en establecer listas rosas con la ayuda de los servicios secretos de la policía. En septiembre de 1935 se promulgó una segunda versión, aún más rigurosa, del famoso Párrafo 175. Y un año después Heinrich Himmler creó un cuartel central para combatir la homosexualidad y el aborto: el II S, una sub-división del Departamento II de la Gestapo. Para los oficiales nazis, los homosexuales eran "anti-alemanes" y "socialmente aberrantes" porque privaban al país de hijos.

A pesar de esta cruzada anti-gay, Ernst Röhm, fundador de la SA y amigo íntimo de Hitler, era un reconocido homosexual. [...] Hitler defendió a Röhm diciendo que "la SS no es una institución moral" y que "la vida privada no importa mientras no traicione la base del nacional-socialismo". Fue todo una excepción y duró poco. El 28 de junio de 1934 ordenó la ejecución de Röhm y de otros supuestos traidores. El episodio se recuerda como "la noche de los cuchillos largos". A una semana del hecho, Hitler invocó la homosexualidad de Röhm y prometió "limpiar de homosexuales" el partido.

Las persecuciones alcanzaron su pico entre los años 1937 y 1939. Una campaña de propaganda iniciada en 1936 puso especial énfasis en la supuesta homosexualidad de los sacerdotes con el objetivo de desacreditar y recortar el poder de la Iglesia católica de Alemania, una institución que muchos oficiales nazis temían como el mayor enemigo potencial. En 1938, el lider Hermann Göring acusó de homosexual al comandante Von Fritsch, un oponente a la política militar de Hitler.

La gran mayoría de los homosexuales arrestados por infringir el Párrafo 175 eran alemanes o austriacos. En los campos de concentración, los prisioneros eran obligados a usar uniformes con diferentes marcas identificatorias, según la categoría a la que pertenecieran: judíos, gitanos, presos políticos, etc. Los homosexuales llevaron al principio varias marcas, desde un punto negro hasta un número 175 dibujado en la espalda del saco. Finalmente todos fueron identificados con un triángulo rosa.

Testimonios de sobrevivientes dicen que los hombres con triángulos rosas eran especialmente maltratados por los guardias. También fueron objeto de crueles experimentos médicos. Un doctor llamado Carl Vaernet realizó, en el campo de concentración de Buchenwald, numerosas operaciones cuyo propósito era el de volver heterosexuales a los pacientes. Su experimento incluía la inserción de una cápsula que segregaba hormones masculinas. El procedimiento refleja los deseos de Himmler y otros oficiales por encontrar soluciones médicas para la homosexualidad.

Como escribe Primo Levi: "Los monstruos existen pero son muy pocos como para constituir realmente un peligro; los que son realmente un peligro son los hombres comunes y corrientes".

Source : SentidoG.com (Nicaragua).

Triangles roses et signes distinctifs

Les populations [des camps] de doivent pas pour autant ne pas être identifiées, et même si leur destin commun semble scellé entre les barbelés. Identification indique marquage, pour une stigmatisation spécifique. Jean Vigreux rajoute : "Le déporté porte sur son pyjama rayé le triangle ou l'étoile qui stigmatisent. C'est une hiérarchie raciste et sociale établie et voulue par les nazis. Chaque déporté en camp de concentration ou d'extermination était confronté à la mort. Mort par la faim, mort par épuisement, mort par les maladies, par les expériences médicales, par les tortures ou les exécutions sommaires. Ou encore la mort par les chambres à gaz".

Un marquage sur les vêtements s'élaborera en effet peu à peu pour les détenus en camp d'internement et de concentration. Dans son livre sur "l'organisation de la terreur" paru en 1995 aux éditions Calmann-Lévy, l'historien Wolfgang Sofsky note : "Avec la réorganisation des camps, la SS introduisit en 1936 un système de catégories permettant de caractériser les groupes de détenus. Sur la partie gauche de la poitrine et sur la jambe droite des pantalons on cousait, à côté du numéro du détenu, un triangle de couleur (...) Les 'adversaires politiques', la première catégorie à être entrée dans les camps, restèrent d'abord sans signe distinctif. C'est seulement en 1937 qu'on introduisit pour eux le triangle rouge". Il précise : "L'élément décisif pour la figuration des classes sociales était le système des classifications, la taxinomie des couleurs, des triangles et des signes distinctifs."

Les autres détenus "criminels" recevaient ainsi un triangle vert, les "asociaux" un triangle noir, les homosexuels un rose, les émigrés un bleu, les Tziganes d'abord un triangle brun puis noir. Les Juifs portaient l'étoile de David à six branches. Les étrangers, le plus souvent identifiés comme "politiques", avaient sur le triangle rouge l'initiale indiquant leur nationalité, un "F" pour les Français, un "P" pour les Polonais, un "S" pour les Espagnols. Les prisonniers placés en compagnie pénitentiaire étaient signalés par un point noir au sommet de leur triangle. Les détenus des convois "nuit et brouillard" étaient marqués de larges bandes rouges, portaient une croix sur le dos et, à droite et à gauche, les lettres "NN" (pour "Nacht und Nebel"), que l'on retrouvait sur les jambes du pantalon. Quant à ceux qui étaient soupçonnés de vouloir s'évader, ils étaient signalés par une cible rouge et blanc sur la poitrine et sur le dos, pour être visés par les mitraillettes au moindre mouvement de foule suspect, comme sur un stand de foire.

Mais ces codifications visuelles étaient finalement moins à l'usage des SS pour mieux identifier ces populations captives dans la gestion des camps que pour créer en permanence un différentiel entre les détenus et entretenir entre eux une méfiance par la visibilité, la mise en blason, oserions-nous dire, de ces différences sociales. Elles signifiaient également une hiérarchie de l'avilissement à disposition des kapos.

Le triangle rose, à la couleur de petite fille dans le but de ridiculiser la masculinité, se généralisera peu à peu dans les camps après que de nombreuses lesbiennes aient porté le triangle noir des asociaux ou que la barrette bleue ait marqué certains homosexuels, confondus avec les catholiques réfractaires, comme Pierre Seel dans le camp alsacien de Schirmek. D'autres étiquetages existèrent, encore plus infâmes : un témoignage recueilli dans les archives du Mémorial de l'Holocauste de Washington, celui d'Erwin Forly, tchèque déporté pour homosexualité à Auschwitz, parle d'un étiquetage spécial : "Certains premiers déportés homosexuels durent porter autour de leurs hanches un tissu jaune arborant un 'A' majuscule. Il représentait l'initiale de 'Arschficker', littéralement 'baiseur de cul'." Mais quand le triangle rose sera finalement adopté dans la plupart des camps, il ne sera pas pour autant un triangle comme les autres. Pour être plus visible de loin, il faisait trois centimètres de plus de côté que tous les autres triangles. Comme le dit Heinz Heger : "les pédés, il fallait les reconnaître de loin !"

Tout sur-marquage fait partie du fonctionnement du camp, cet espace captif où il est impératif pour survivre d'avoir plus stigmatisé que soi. Finalement, le plus grand marquage est entre hommes et sous-hommes, comme le décrit Wolfgang Sofsky : "Au sommet, l'opposition raciste entre l'être humain et les sous-hommes. Les Slaves, les Tziganes, les Juifs tendaient à ne pas être du tout considérés comme membres de la société humaine. Ils constituaient une catégorie placée en marge, sinon au delà de toute socialité. La persécution prenait ici le caractère d'une élimination systématique. Le critère racial dominait tous les autres. Un juif de Belgique ou de France également classé dans la catégorie 'opposant politique' ou 'criminel' était d'abord un juif (...) En bas de l'échelle de la déviation se tenaient enfin les '175', les homosexuels. Bien qu'ils n'aient pas représenté un risque politique, ils occupaient une position marginale analogue à la catégorie des 'sous-hommes'. Les opposants idéologiques et politiques, autant qu'ils aient pu être combattus par les SS, faisaient partie de la société du camp. On les opprimait mais on les redoutait aussi. On ne livrait pas de véritable combat, en revanche, contre les groupes marginaux des asociaux et des homosexuels : ils étaient anormaux, nuisibles, superflus. A eux, le pouvoir du camp n'octroyait que la moquerie, le mépris et la mort".

A partir de 1933, les camps de concentration de Dachau et d'Orianenburg reçoivent de nombreux homosexuels, dont de nombreux militants et d'autres qui avaient pris le risque de la visibilité, la torture et la délation faisant le reste. L'historien Eugène Kogon, chargé par les Alliés d'un rapport après le procès de Nuremberg et auteur de 'L'Etat SS', a pu identifier quant à lui d'autres destinations pour les homosexuels : "Concernant les transports vers les camps d'extermination tels ceux de Nordhausen, de Natzweiler ou de Gross-Rosen, les homosexuels fournissaient le plus fort pourcentage". Eugène Kogon rajoute : "Le camp avait cette tendance compréhensible de se séparer d'éléments considérés comme moins importants, de peu de valeur ou sans valeur".

Une cruauté spécifique et meurtrière concerne donc les homosexuels, que confirme l'autrichien Heinz Heger, détenu à Auschwitz : "Jusqu'en 1942, afin de réduire le nombre de prisonniers, il était usuel que chaque camp envoie à différents moments un contingent d'une centaine de déportés ou davantage vers les camps d'extermination où ces derniers étaient gazés ou injectés. Le choix de ceux qui devaient être liquidés relevait de la responsabilité du secrétariat du camp des prisonniers, à la tête duquel se trouvait le doyen. Lorsque celui-ci était un déporté politique, on a toujours pu constater que la plus grande partie des déportés envoyés à l'extermination était formée, et de loin, de déportés au triangle rose". De la sorte, les déportés pour homosexualité se retrouvaient par exemple dans la carrière de pierres de Buchenwald. Détenu au bloc 36, l'homosexuel Jaroslav Bartl témoigne : "Nous travaillons dans la carrières de pierres dans des conditions impossibles, sous les hurlements et les violences des contremaîtres, et sous la menace des fusils SS. Les blessures et les accidents mortels étaient quotidiens. Le kapo recevait chaque matin une liste de détenus, avec leur numéro, qui ne devaient pas rentrer".

Source : Les Oubliés de la Mémoire, Jean Le Bitoux, Editions Hachette Littératures, 2002.

Photo : Nomenclature des signes distinctifs des déportés.

Lesbiennes sous le IIIe Reich : disparaître ou mourir

Bien peu d'historiens se sont intéressés au sort réservé aux lesbiennes durant le IIIe Reich. Rafles, internement, viols, «thérapies» par la prostitution, tel était leur lot sous le régime nazi. Les travaux d'une chercheuse allemande, Claudia Schoppmann, révèlent des pratiques peu connues du grand public.

Que sait-on de la vie des lesbiennes sous le régime nazi ? Pratiquement rien. Le sort des lesbiennes a rarement intéressé les chercheurs. On dit même souvent qu'elles n'auraient pas souffert. Étonnant quand on sait que l'idéologie nationale-socialiste considérait l'homosexualité comme une tare et que toute femme ne respectant pas son rôle de femme mariée et de mère pour perpétuer la race pure, attirait les soupçons.

Rendre compte de la persécution des lesbiennes, en l'absence de documents concrets, de lettres, de témoignages, reste un défi pour les historiens. Presque seule à s'intéresser à ce versant de l'Histoire, une chercheuse allemande, Claudia Schoppmann, nous livre pourtant de précieuses informations(1). Faute de données, Claudia Schoppmann se tourne en effet vers le témoignage pour restituer une image de l'histoire collective des lesbiennes qui, autrement, risquerait de se perdre.

L'un de ses ouvrages, Zeit der Maskierung: Lebensgeschichten lesbischer Frauen im «Dritten Reich», traduit en anglais(2) mais malheureusement pas encore en français, est un recueil de récits poignants qui dessinent une histoire de la répression des lesbiennes allemandes sous le joug nazi. Dans ces témoignages, on retrouve l'effervescence et l'ambiance euphorique du Berlin lesbien des années 20. La ville compte un nombre impressionnant de bars, de clubs, d'associations, de magazines destinés aux lesbiennes. Cet essor et ce dynamisme se heurtent malgré tout à de virulentes attaques lesbophobes.

Dès 1909, le gouvernement essaie d'inclure les femmes dans le fameux paragraphe 175, qui condamne les activités homosexuelles entre hommes. Plus tard, pendant des années, des juristes, des criminologues, des théoriciens du parti nazi font de nouveau pression pour que l'homosexualité féminine entre dans le paragraphe 175. Pour eux c'est «une menace morale à la pureté de la race», une façon de «soustraire les femmes aux hommes et à l'institution du mariage».

Le lesbianisme n'entrera pourtant jamais dans le paragraphe 175, pour plusieurs raisons : dans la société allemande, les femmes sont exclues des postes politiques et administratifs importants. Leur influence est donc peu redoutée. De plus, d'après des conclusions médicales de la fin du XIXe siècle, l'homosexualité féminine ne serait pas antinomique avec le désir de se marier et de fonder une famille. Cette théorie conforte l'idéologie nazie qui préfère croire que l'homosexualité se soigne. La thèse d'une homosexualité innée répandue en Allemagne pourrait mettre à mal le concept de «race maîtresse pure». Enfin, les relations «intimes» entre femmes sont trop courantes, trop difficiles à identifier. Le meilleur moyen de ne pas «encourager la diffusion de l'épidémie» chez les femmes est donc de la passer sous silence.

Les lesbiennes échappent ainsi aux graves condamnations infligées aux hommes homosexuels: 50 000 d'entre eux sont condamnés sous le paragraphe 175, parmi eux, 15 000 sont internés en camps de concentration et les deux tiers n'en reviennent pas. En revanche, ce silence autour des lesbiennes ne permet pas de mesurer l'étendue de leur persécution, le plus souvent cachée sous des prétextes divers, ni de dégager des chiffres.

Rafles dans les bars

L'arrivée au pouvoir d'Hitler en 1933 frappe de plein fouet la communauté lesbienne. Les rafles dans les lieux lesbiens sont si fréquentes qu'ils ferment tous rapidement. A Berlin, seuls deux ou trois bars – des arrières salles – ouvriront dans la clandestinité. La presse lesbienne est interdite, les associations dissoutes et un témoignage prouve que les nazis dressent des listes de lesbiennes.

De nombreux témoignages recueillis par Claudia Schoppmann montrent que les lesbiennes vivent dans la peur des dénonciations. Elles craignent également, à juste titre, les licenciements, car les lesbiennes sont licenciées quand elles sont «découvertes» sur leur lieu de travail. La plupart des femmes interrogées racontent qu'afin de passer inaperçues, elles changent leur apparence et adoptent une allure féminine correspondant aux canons nazis. La pression sociale sur les lesbiennes est telle que nombreuses sont celles qui se marient, certaines avec des homosexuels. Finalement, le seul moyen de ne pas être persécutée en tant que lesbienne, c'est de rentrer dans le rang… et de ne plus l'être.

On sait que de nombreuses lesbiennes sont pourtant arrêtées, emprisonnées ou envoyées en camps de concentration. On trouve dans Zeit der Maskierung le récit de Lotte Hahm, une des plus grandes militantes lesbiennes berlinoises, arrêtée avant la guerre et envoyée en camp de travail pendant plusieurs années en raison de ses activités, entre autres la gestion d'associations et de clubs.

La présence de blocs réservés aux lesbiennes est attestée dans certains camps, comme à Bützow (ex-R.D.A.) où les lesbiennes étaient maltraitées et humiliées. Les SS incitaient les prisonniers du camp à les violer. Dans le camp de femmes de Ravensbrück, les lesbiennes portaient un triangle rose avec le sigle «LL» (Lesbische Liebe, amour lesbien) (3). Mais le plus souvent, les lesbiennes portent le triangle [noir] des «asociales». Ce terme désigne tous ceux qui ne se conforment pas aux normes; il comprend les sans abris, les chômeurs, les prostituées [...].

Contraintes à la prostitution

Claudia Schoppmann rapporte le témoignage d'un homosexuel (4), Erich H, qui a rencontré Else (on ne connaît pas son nom de famille) dans un camp. Elle travaillait à Potsdam comme serveuse et vivait avec son amante. Elle est arrêtée apparemment en raison de son homosexualité mais est enregistrée à Ravensbrück comme «asociale». Elle est ensuite emmenée au camp de Flossenbürg où la plupart des prisonniers sont des hommes «asociaux» ou «criminels». C'est au bordel du camp qu'ils se rencontrent, en 1943. Des bordels sont en effet mis en place, à partir de 1942, dans bon nombre de camps de concentration. On y voyait le moyen d'accroître l'efficacité des travailleurs forcés dans l'industrie de l'armement. D'après Claudia Schoppmann, Himmler considérait aussi les bordels comme un moyen de combattre l'homosexualité masculine.

Un grand nombre de prisonnières sont forcées d'entrer dans les bordels des camps. D'après Erich H «les nazis aimaient tout particulièrement faire travailler des lesbiennes dans les bordels. Ils pensaient que ça les remettait dans le droit chemin.» Après avoir passé plusieurs mois au bordel de Flossenbürg, on pense qu'Else a ensuite été déportée dans un camp d'extermination (Auschwitz) et qu'elle y est morte. C'était en effet le sort réservé au bout de six mois à toutes celles qui étaient envoyées dans les bordels.

Si elles ont le malheur d'être juives, les lesbiennes sont évidemment particulièrement menacées. Claudia Schoppmann évoque le cas d'Henny Schermann internée en mars 1940 et de Mary Pünjer internée en octobre 1940, toutes deux à Ravensbrück. Elles sont sélectionnées par Friedrich Mennecke, qui les déclare «indignes de vivre», comme des dizaines de milliers d'autres «patients». Le «diagnostic» d'Henny Schermann la décrit ainsi: «lesbienne compulsive; fréquentant seulement ce genre de bars et de clubs. N'utilisait pas son prénom Sara. Juive apatride (5).» Quant à son avis sur Mary Pünjer: «Lesbienne très active. Fréquente sans cesse les clubs lesbiens et s'exhibe avec ses congénères.» Elles sont envoyées à la chambre à gaz au début de 1942.

Combien de lesbiennes ont-elles été tuées comme elles sous le IIIe Reich? Combien ont été violées, combien ont dû se cacher parce qu'elles étaient lesbiennes? La lesbophobie, qui n'est pas une prérogative du IIIe Reich, rend aujourd'hui toute évaluation impossible. Pourtant, il serait dangereux de minimiser la persécution des lesbiennes, sous prétexte qu'elle a été effacée par leurs tortionnaires et par l'Histoire. (...)

1/Lire aussi les travaux en allemand de la sociologue Ilse Kokula
2/ Days of Masquerade: Life stories of lesbians during the Third Reich
3/ Ilse Kokula, Der Kampf gegen Unterdrückung, Verlag Frauenoffensive
4/ Tiré de Ganz normal anders. Auskünfte schwuler Männer aus der DDR de Jürgen Lemke
5/ A partir de 1941, tous les juifs sont déchus de la nationalité allemande

Texte : Edna Castello pour 360° Magazine, octobre 2004.

Illustration : L'idéal féminin du IIIe Reich. "La fiancée du paysan", toile de Sepp Hilz. (orig : L'Art Nazi, A. Guyot et P. Restellini, Editions Complexe 1996).
"Même un paysage tranquille, même une prairie avec des vols de corbeaux, des moissons et des feux d'herbe, même une route où passent des voitures, des paysans, des couples, même un village pour vacances, avec une foire et un clocher peuvent conduire tout simplement à un camp de concentration. Le Struthof, Oranienburg, Auschwitz, Neuengamme, Belsen, Ravensbrück, Dachau, Mauthausen furent des noms comme les autres sur les cartes et les guides."

Texte : Nuit et Brouillard, Jean Cayrol, Fayard, 1997 (texte du film d'Alain Resnais).

Photo : Trois photos du camp de concentration d'Oranienburg, près de Berlin, prises en 1933. Le système est alors embryonnaire. Placés sous la supervision de la police et des SA, les premiers détenus (essentiellement des opposants politiques) arrivent au camp dès mars 1933. Le 20 mars 1933, soit moins de deux mois après l'arrivée au pouvoir d'Hitler, les nazis ouvrent le camp de concentration de Dachau, près de Munich.
"La politique anti-homosexuelle nazie ne visa jamais à traquer tous les homosexuels d'Europe. Elle concerna par principe les homosexuels allemands ou considérés comme allemands dans les territoires annexés ou rattachés au Reich – tels entre autres les Autrichiens, les Alsaciens et certains Lorrains. L'homosexualité, pour les mêmes raisons qui justifiait aux yeux des nazis qu'elle fut combattue dans les populations allemandes, n'avait pas à l'être au sein de populations non-allemandes, dont elle ne pouvait que contribuer à précipiter le déclin. Les homosexuels non-allemands ne furent expressément visés par la répression nazie qu'en cas de relations impliquant un ou des partenaires allemands."

Texte : Négation, dénégation : la question des triangles roses, M. Celse et P. Zaoui (lire).

Photo : Photos anthropométriques de détenus homosexuels à Auschwitz. (orig : USHM)

"En 1939, Karl a 26 ans. Alors qu'il ne se doute de rien, la Gestapo vient l'appréhender chez lui. Plus tard, les fonctionnaires lui apprennent que quelqu'un l'aurait dénoncé pour infraction à l'article 175. Karl B. est mis en détention par la Gestapo. Quelques jours plus tard, un officier SS le force, sous la menace d'un revolver, à signer des aveux. Au bout de quelques semaines, sans même qu'il comparaisse devant un tribunal, il est transféré comme "triangle rose" dans le camp de concentration que l'on construit depuis décembre 1938 à Neuengamme, tout juste à trente kilomètres à l'est de Hambourg."

Texte : La déportation des homosexuels. Onze témoignages, Allemagne 1933-1945, Lutz van Dijk, Editions H&O, 2000.

Photo : Photo anthropométrique de Karl B., prise lors de son arrivée à Auschwitz. (orig : Editions H&O)
"Jusqu'en 1942, afin de réduire le nombre de prisonniers, il était usuel que chaque camp envoie à différents moments un contingent d'une centaine de déportés, ou davantage, vers les camps d'extermination, où ces derniers étaient gazés ou tués par injection. Lorsque le doyen [du secrétariat du camp qui choisissait les futures victimes] était un déporté politique, on a toujours pu constater que la plus grande partie des déportés envoyés à l'extermination était formée, et de loin, de déportés au triangle rose." -- Heinz Heger, déporté à Auschwitz.

Texte : Triangles et signes distinctifs, Jean Le Bitoux...

Photo : Appel des détenus. Dessin de Walter Timm, Cycle Sachsenhausen (1945), condamné au titre du §175 et déporté au camp de Sachsenhausen de 1943 à 1945. (Orig : Homosexuelle Männer im KZ Sachsenhausen, Joachim Müller und Andreas Sternweiler, Schwules Museum Berlin, Verlag Rosa Winkel, 2000.)
Les camps dits d'extermination, construits après l'adoption par les nazis de la Solution finale lors de la conférence de Wannsee du 20 janvier 1942, étaient destinés à l'élimination des "races inférieures", essentiellement les Juifs, les Tziganes et les Slaves. Les nazis n'ont jamais entrepris d'exterminer les homosexuels en tant que groupe social, même si certains ont été internés dans des camps de niveau III (les "moulins à os") dans lesquels les chances de survie étaient infimes. On ne peut donc pas parler d'holocauste gay. Les camps d'extermination constituent l'étape ultime de la politique raciale nazie. Malgré les moyens industriels mis en oeuvre, l'élimination des corps se révèle plus longue et plus difficile que prévu. L'homme éliminé parce qu'il occupait indûment un espace vital impose son encombrante présence même après sa mort. Lire sur ce site deux textes sur l'extermination des "races inférieures".

Texte : Webmaster

Photo : Femmes et enfants sur la "rampe des Juifs" d'Auschwitz-Birkenau. Récemment débarqués des wagons à bétail dans lesquels ils ont été enfermés pendant plusieurs jours, ils attendent sans s'en douter d'être conduits vers l'une des chambres à gaz du camp. (orig : Album d'Auschwitz, Yad Vashem)